Cada ecosistema tiene un papel en el balance de los gases de efecto invernadero, actuando bien como fuente o como sumidero de estos gases. Los ecosistemas áridos y semiáridos ocupan aproximadamente el 40% de la superficie terrestre y, aunque poco estudiados hasta ahora, se va conociendo el papel fundamental que juegan en el equilibrio atmosférico del CO2 a nivel mundial.
Un equipo internacional liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) (España) ha demostrado que las mareas de presión atmosféricas son claves para entender la dinámica del CO2 en el interior del suelo. En el estudio, que se publica en la revista Journal of Geophysical Research-Biogeosciences, han colaborado la Universidad de Granada, la Universidad de Almería y la Universidad de Delaware (EE. UU.).
La dinámica del CO2 del suelo está fuertemente influenciada por las variaciones de la presión atmosférica. “Esto implica que el CO2 del suelo en profundidad tiene un comportamiento similar al del nivel del mar como consecuencia de las mareas, se expande cuando la presión es baja y se contrae con altas presiones. En suelos con una gran conectividad con la atmósfera, como es el caso de los ecosistemas áridos y semiáridos, la vinculación es tan fuerte que cualquier cambio producido en la presión atmosférica, ya sea derivado del efecto gravitacional de la Luna y el Sol, la insolación terrestre o la llegada de frentes y borrascas, se refleja en la dinámica del CO2 del suelo, produciendo grandes diferencias de concentración en cortos intervalos de tiempo”, explica la investigadora del CSIC María Rosario Moya, que trabaja en la Estación Experimental de Zonas Áridas.














