Un equipo de la Estación Biológica de Doñana (EBD) y del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA), ambos centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Sevilla y Tenerife (España), respectivamente, concluye que el aumento de las abejas domésticas, utilizadas en la Apicultura, está alterando las interacciones entre las plantas y sus polinizadores nativos. El trabajo, resultado de una investigación de cuatro años en el Parque Nacional del Teide, se ha publicado recientemente en Scientific Reports.

 

La abeja doméstica (Apis mellifera), nativa de Eurasia y África, ha sido introducida por todo el planeta para obtener miel y polinizar cultivos. Esta especie es considerada un polinizador súper-generalista, que compite con las especies nativas y las desplaza. Su patrón de forrajeo también afecta la producción de frutos y semillas en las plantas silvestres, dado que incrementa el transporte de polen dentro de la misma planta individual.

 

En el Parque Nacional del Teide se introducen cada primavera hasta 2700 colmenas de abejas domésticas. Como apunta el estudio, este hecho permite establecer dos escenarios experimentales para hacer una comparación de diversos parámetros ecológicos, entre la fase anterior y posterior a la introducción de las abejas domésticas en el sistema.

 

Explica María Candelaria Rodríguez, investigadora de la EBD y una de las autoras del estudio, que una vez instaladas las colmenas, de un día para otro se detecta una disminución significativa de las especies polinizadoras nativas y la frecuencia de sus visitas a flores. Diversas especies de abejas, moscas, mariposas, aves y lagartos observados frecuentemente antes de la instalación de las colmenas, desaparecen tras la llegada de las abejas domésticas.