La creación de todo nuevo sistema de inteligencia artificial es un proceso que consiste en buena parte en entrenar al nuevo sistema hasta volverlo capaz de tomar sus propias y acertadas decisiones y, en definitiva, actuar por su cuenta con eficacia. Normalmente, de ese entrenamiento, o por lo menos de su planificación y vigilancia, se ocupan humanos.

 

Sin embargo, la empresa Machine-to-Machine Intelligence Corporation (M2Mi), fundada por Geoffrey Barnard y ayudada por el Centro Ames de Investigación de la NASA en el popular Silicon Valley (Valle del Silicio) de California, Estados Unidos, lleva tiempo trabajando en una modalidad de inteligencia artificial que permite que los sistemas aprendan unos de otros, sin necesidad de intervención humana alguna.

 

La primera aplicación hacia la que se enfocó esta estrategia fue la creación de una red de comunicaciones de la cual, en líneas generales, los humanos estaríamos excluidos.

 

La red permitiría de manera automatizada la comunicación entre ordenadores ubicados en Tierra firme y en satélites en órbita a la Tierra.

 

No solo los aspectos técnicos básicos de la red estarían regulados mediante esta clase de inteligencia artificial. También lo estarían la privacidad, la seguridad y la resistencia a fallos. Dicho en pocas palabras, una red así es capaz por sí misma de identificar qué fallos sufre y subsanarlos.