Los sistemas de inteligencia artificial más sofisticados se comportan a veces de un modo tan parecido a como lo haría un humano que son capaces de ser tomados por personas de carne y hueso por quienes no están enterados de su verdadera naturaleza. Un estudio reciente ha sacado a la luz la existencia en algunas de estas inteligencias artificiales de un rasgo de conducta que hasta ahora se consideraba exclusivo de humanos.

El estudio lo han llevado a cabo Steven Lehr de Cangrade Inc., Yash Lothe de la Universidad Carnegie Mellon y Mahzarin Banaji de la Universidad Harvard, en Estados Unidos las tres entidades.

Los seres humanos tendemos a inferir rasgos de personalidad en personas desconocidas a partir de las facciones de sus caras, y estos sesgos (sin fundamento en ninguna relación real entre rostro y personalidad) conducen a juicios de valor equivocados y a menudo injustos.

Steven Lehr y sus colegas exploraron si este fenómeno también se da en inteligencias artificiales sofisticadas que, aunque fueron entrenadas principalmente con texto, tienen la capacidad de «ver» imágenes.

Los autores del estudio pidieron a Chat GPT-4o que realizara más de 4500 juicios de elección forzada entre rostros generados por ordenador, y presentaron miles de elecciones forzadas adicionales a Chat GPT-5, Gemini 3 Flash Preview y Claude Sonnet 4.5.