La industria de insectos comestibles crece rápidamente creando un mercado de más de 1.000 millones de dólares, con más de 400 empresas activas en Europa y EEUU. Australia aspira a ser otro de los grandes productores de estos alimentos nutritivos, sostenibles y éticos destinados a reforzar la masa alimentaria mundial.

Existen cuatro razones por las que los insectos podrían ser un elemento básico en la dieta: una larga tradición de consumo, podría ayudar a mejorar nuestra salud, existen productos con insectos y cultivarlos beneficia al medio ambiente, según la Agencia Nacional Científica australiana CSIRO.

“Si somos más valientes e incorporamos insectos en nuestra dieta podremos reducir nuestra huella ambiental, mejorar nuestra salud y estar más conectados con la tierra y la cultura. Usted, sus amigos y sus mascotas lo disfrutarán”, señalan los investigadores del CSIRO, los doctores Rocío Ponce-Reyes y Bryan Lessard.

«Estudios recientes demuestran que consumir algunos insectos –como los gusanos de seda, las orugas de la polilla de la cera y las larvas de tenebrio o ‘gusanos de la harina’– podrían mejorar la salud intestinal, la presión sanguínea y reducir los niveles de glucosa en sangre», según Ponce-Reyes y Lessard.

“No se resista: más de 2.000 millones de personas en 130 países ya consumen insectos” señalan los investigadores Rocío Ponce-Reyes y Bryan Lessard, de la Agencia Nacional Científica australiana CSIRO (www.csiro.au), que impulsa un programa para fortalecer las conexiones entre Australia y América Latina. 

«En Australia, por ejemplo, muchos ya consumen colorante natural rojo elaborado a partir de la cochinilla, o mantequilla de maní cacahuete, que legalmente puede contener hasta 5% de fragmentos de insectos», explican los doctores Ponce-Reyes, científica conservacionista, y Lessard, entomólogo, en la publicación de divulgación académica The Conversation.

Señalan que uno de los mayores desafíos es asegurar que haya suficiente comida para todos, dado que se prevé que la población mundial alcance los 9.700 millones para el 2050,  siendo limitadas las tierras y aguas para el cultivo y estando amenazadas las cadenas de suministro por el cambio climático, las prácticas ambientales perjudiciales y las enfermedades emergentes. 

En ese contexto existen cuatro buenas razones por las que los insectos podrían ser un elemento básico en la dieta: existe una larga tradición de consumo de insectos, este tipo de alimento podría ayudar a mejorar nuestra salud, ya existen productos con insectos y cultivarlos beneficia al medio ambiente, señalan.

Ponce-Reyes y Lessard acaban de presentar el estudio de CSIRO ‘Insectos comestibles: estrategias para el crecimiento de una industria australiana emergente’ (https://research.csiro.au/edibleinsects/wp-content/uploads/sites/347/2021/04/CSIRO-Insectos-Comestibles.pdf). 

En este trabajo describen un plan estratégico que explora los retos y las oportunidades para que Australia participe en el mercado global de insectos comestibles, un sector al que el CSIRO denomina con un toque de humor “una industria con patas” y que se espera tenga un valor de unos 1.400 millones de dólares australianos (U$S 1.080 millones) para el año 2023.

Este estudio es una hoja de ruta que aporta un marco para las iniciativas e interesados en involucrarse en esta industria en Australia, desde las compañías emergentes de procesado de insectos, los agricultores y los productores de alimentos, hasta los investigadores, los responsables políticos, los ‘chefs’ y las empresas de los pueblos nativos.