Los museos ya no solo ofrecen exposiciones estáticas acompañadas de información escrita. Desde colecciones digitalizadas hasta cuentas en redes sociales y realidad virtual, la nueva tecnología permite a los visitantes interactuar con las colecciones de nuevas formas.
Pero recientemente se ha producido un cambio más profundo de enfoque: los museos se transforman en espacios que fomentan el compromiso y la participación, y satisfacen necesidades sociales más amplias.
Una nueva definición de museo para una nueva era
«Los museos avanzan en esta dirección», explica a DW Sandro Debono, pensador museístico, consultor y académico.
Debobo alude a la definición actual de «museo», establecida por el Consejo Internacional de Museos, una oenegé global que promueve e impulsa la labor en materia de patrimonio. Adoptada en 2022, reconoce específicamente la inclusión, la diversidad y la participación comunitaria como aspectos esenciales de la labor museística. Supone un marcado distanciamiento respecto a la definición anterior, la cual mencionaba el servicio a la sociedad, pero no su involucramiento.
En lo que respecta a regiones específicas, América Latina ha adoptado de manera particular las prácticas participativas, señala Debono. Allí, las ideas de los museos como espacios de participación e inclusión —tales como los museos gestionados por la ciudadanía y la comunidad— se remontan a la década de 1970. Unas décadas más tarde surgió el concepto de museología social, el cual se centraba no en los objetos, sino en las personas vivas —especialmente en las marginadas—, apoyando su empoderamiento, su patrimonio y su transformación social.
Actualmente, muchas otras partes del mundo —incluida Europa— están adoptando también enfoques similares a su propia manera, incluso dentro de las instituciones tradicionales.
Para Julia Pagel, secretaria general de la Red de Organizaciones Europeas de Museos (NEMO), este impulso queda plasmado en la frase: «De la colección a la conexión». «Los museos [europeos] se están centrando cada vez más en las comunidades», comenta Pagel a DW. Y explica que la financiación —que proviene en gran medida del Estado— está cada vez más vinculada a la relevancia social. «Los museos deben dejar de ser principalmente lugares que se visitan para convertirse en esas infraestructuras sociales y cívicas que se utilizan, o en espacios de confianza donde las personas puedan reunirse e intercambiar [ideas]».














