El fracking o fracturación hidráulica es un método utilizado para extraer petróleo y gas de formaciones pétreas que por los medios tradicionales resultarían inextraíbles. El fracking implica inyectar en el subsuelo grandes cantidades de agua con ciertos aditivos químicos.
El fracking se ha convertido en los últimos años en una importante técnica para acceder a ciertos yacimientos de combustibles fósiles. Sin embargo, los efectos ambientales de estas prácticas, incluido su impacto en la calidad del agua, todavía no se conocen por completo.
El fracking da lugar a aumentos pequeños pero detectables en las concentraciones de sal en las aguas superficiales circundantes, según una nueva evaluación de los efectos de esta clase de explotación de petróleo y gas sobre la calidad del agua en cuencas hidrográficas de Estados Unidos.
Esta evaluación la ha llevado a cabo un equipo internacional integrado por Pietro Bonetti, de la Universidad de Navarra en España, Christian Leuz, de la Universidad de Chicago en Estados Unidos, y Giovanna Michelon, de la Universidad de Bristol en el Reino Unido.
Aunque los hallazgos de este estudio indican que la magnitud de los efectos parece pequeña, justifican que se dediquen mayores esfuerzos para monitorizar la salinidad de las aguas cercanas a los pozos de extracción.














