“Las autoridades nunca nos advirtieron sobre el peligro, al contrario, nos dieron título y nos dotaron de servicios básicos”, cuenta Ubaldo Huayta, un hombre que en febrero de 2020 perdió su vivienda a causa de las fuertes lluvias que ocasionaron un huaico en Tacna.
Él, junto a otras 25 familias del sector de La Rotonda, en el distrito de Alto de la Alianza, en la provincia y región de Tacna, fue afectado por los deslizamientos de piedras y lodo que, además, causaron la muerte de tres personas.
Año a año, nuestro país es lugar de eventos naturales como lluvias, huaicos, deslizamientos, friajes y sismos que no solo destruyen infraestructura pública, viviendas, sino también vidas. Solo en abril de 2017, tras el azote del Fenómeno del Niño Costero de ese año, se registraron más de 160 mil damnificados, 980 mil afectados y 114 fallecidos, según cifras del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional.
El testimonio de Huayta induce a considerar la poca importancia que el Estado peruano le da a la prevención. Si bien el Perú es un país altamente vulnerable a la ocurrencia de fenómenos naturales, las consecuencias podrían ser menos desastrosas si se priorizara la gestión de riesgos, tal como lo indicó Juvenal Medina Rengifo, jefe del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred).
“Cada emergencia que vive el país, a consecuencia de la ocurrencia de los fenómenos naturales, nos está mostrando la falta de acciones en prevención, porque mientras hagamos mayores inversiones en controlar el riesgo y corregirlo, estos (los fenómenos naturales) ya no llegarían a convertirse en emergencias…Toda la inversión que se hace en gestión reactiva, en respuesta y rehabilitación es inversión que alivia los daños y necesidades, pero no corrige el problema”, manifestó para este informe de RPP Noticias.














