Es un domingo especial y, sin pensarlo dos veces, me apetece salir a comer fuera. Olvidaba que, en fechas específicas, los restaurantes con buena comida, aunque no sean establecimientos de lujo, están siempre llenos. Hay que reservar mesa. ‘Vamos a la Plaza Dauhajre’ le digo a Alexis. Allí está Il Bacareto. ‘Hacen un risotto delicioso’ comenta Fabiola. ‘Y la pasta es muy buena’ acoto.
El cuidador del parqueo nos pregunta si tenemos reservación. ‘No, no tenemos’. Nos informa que está lleno, pero entra a preguntar. ‘No, no hay sitio’. ‘Pues vamos al Elizondo, aquí mismo. Tienen una picaña excelente’, agrega Alexis. Al abrir la puerta nos preguntan: ‘¿Tienen reservación?’. No. ‘Sólo hay sitio en esta barra con taburetes altos y no es conveniente’, alega la empleada mirándome.
Es alrededor de la 1:00 de la tarde. ¿Intentamos en La Scarpetta, en Plaza Castilla? (Se proyecta como Trattoria). ‘La última vez que estuvimos hicimos reservación’ replico a Alexis. ‘Yo comí allí ayer’ dice Fabiola, quien al llegar al parqueo se apea para averiguar. ‘Todo está lleno’ afirma un mozo, ‘pero pregúntele a él’. Se refiere a otro empleado que está al teléfono. Fabiola espera.














