El descubrimiento del bosón de Higgs fue esencial para el Modelo Estándar, la teoría que mejor describe la materia visible del universo, y para entender el origen de la existencia de masa en las partículas elementales.
El 4 de julio de 2012, el trabajo realizado en el acelerador de partículas más potente del mundo, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, en inglés), del CERN (el Laboratorio Europeo de Física de Partículas), conseguía descubrir una partícula extraordinaria. El hallazgo confirmaba la predicción que habían formulado François Englert y Peter Higgs en 1964. Este hito les valió el premio Nobel de Física a Englert y Higgs y dio inicio a una importante labor científica para investigar las claves del universo, como la energía y materia oscura (juntas constituyen el 95% del universo).
En este descubrimiento tuvieron un papel destacado investigadores del Instituto de Física Corpuscular (IFIC) y del Instituto de Física de Cantabria (IFCA), ambos vinculados al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en España. Su labor se centró en el análisis de los datos generados por el LHC sobre colisiones entre partículas. Este conocimiento permitirá estudiar el bosón de Higgs con mayor precisión.
«El descubrimiento del bosón de Higgs fue un hito monumental en la física de partículas. Marcó el final de un largo camino de investigación que duró décadas y el comienzo de una nueva era de estudios centrados en esta partícula tan especial», explica Fabiola Gianotti, directora general del CERN y portavoz del experimento ATLAS en el momento del descubrimiento.














