La Tierra tarda cada vez más en dar una vuelta entera sobre sí misma por culpa del cambio climático global.
El ritmo de reducción en su velocidad de rotación es ínfimo, pero medible y claro.
Así se ha constatado en un estudio realizado por un equipo integrado, entre otros, por Surendra Adhikari, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Estados Unidos, y Mostafa Kiani Shahvandi, del Instituto Federal Suizo de Tecnología en Zúrich.
El día en la Tierra (el periodo de rotación) no solo se está volviendo más largo, sino que además este proceso se está acelerando. La razón está relacionada con los mismos mecanismos que también han provocado que el eje del planeta se haya desviado unos 10 metros en los últimos 120 años.
Estos hallazgos proceden de una línea de investigación financiada por la NASA y centrada en cómo la redistribución de hielo y agua provocada por el cambio climático global ha afectado a la rotación de la Tierra.
Esta redistribución se produce cuando las capas de hielo y los glaciares se derriten más de lo que crecen por las nevadas y cuando los acuíferos pierden más agua subterránea de la que reponen las precipitaciones. Estos desplazamientos de masa provocan que el planeta se tambalee al girar y que su eje cambie de ubicación. También provocan la ralentización de la rotación de la Tierra, medida por el alargamiento del día. Ambos fenómenos se vienen documentando científicamente desde hace unos 120 años.
En las últimas décadas, el derretimiento más rápido de las capas de hielo ha desplazado masa de los polos hacia la franja marítima ecuatorial. Esto hace que la Tierra se desacelere y el día se alargue.














