La lepra, que a lo largo de los siglos fue una enfermedad incurable, causaba también una fuerte estigmatización social, tanto por el aspecto que adquirían los enfermos en fase avanzada, como por el riesgo de contagio. Por todo ello, la figura del leproso se convirtió en uno de los terrores más punzantes de diversas épocas y culturas humanas, incluyendo por ejemplo la Edad Media, cuyas leproserías fueron descritas a veces como cementerios para vivos.

 

La lepra es una de las enfermedades rastreables hasta más atrás en el tiempo. Las abundantes crónicas antiguas describiendo la característica apariencia escalofriante de sus enfermos ayudan mucho a ello, y también son el doloroso testimonio de que los pacientes de este mal figuran entre los más estigmatizados socialmente por razón de enfermedad.

 

Aunque la lepra está hoy virtualmente erradicada en bastantes países, en algunas partes de la Tierra todavía aparecen nuevos casos, del orden de un par de cientos de miles al año en todo el mundo. Por suerte, esta enfermedad se puede ahora tratar con éxito.

 

Un equipo internacional integrado, entre otros, por las investigadoras Saskia Pfrengle de la Universidad de Zúrich en Suiza, Judith Neukamm de la Universidad de Tubinga en Alemania, así como Núria Montes de la Universidad Autónoma de Barcelona y María T. Ferreira de la Universidad de León, en España, ha reconstruido 19 genomas antiguos de Mycobacterium leprae, el principal microorganismo causante de la lepra, y ha empleado la información obtenida para rastrear las variaciones genéticas de la bacteria M. leprae en Europa, prestando especial atención a genomas bacterianos de regiones no estudiadas anteriormente (Bielorrusia, Iberia, Rusia, Escocia), de múltiples lugares de una misma región (Cambridgeshire, Inglaterra) y de dos leproserías ibéricas.