El jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, reveló el martes un proyecto de reorganización del Departamento de Estado que suprime puestos, algunos de ellos de derechos humanos, y funciones por considerarlos alejados de los objetivos ideológicos del presidente Donald Trump.

El aparato diplomático estadounidense lleva tiempo en el punto de mira de los conservadores, partidarios de un gobierno menos centrado en promocionar valores considerados progresistas.