Unos robotistas han diseñado y fabricado un sorprendente robot blando que camina, salta y nada, todo ello sin un ordenador que ejerza de cerebro, sin electrónica, sin software, sin sensores y, por supuesto, sin inteligencia artificial, algo, esto último, que va a contracorriente de la tendencia actual. El robot se basa exclusivamente en tubos blandos, el aire que circula por ellos y las leyes de la física.
El logro es obra de un equipo encabezado por Alberto Comoretto, del Instituto AMOLF en Ámsterdam, Países Bajos.
Pese a carecer de todo lo dicho, el nuevo robot se mueve con una coordinación y una autonomía sorprendentes. Y es uno de los de locomoción más rápida de entre todos los de tipo blando. Su velocidad es varios órdenes de magnitud superior a la de otros robots neumáticos, que suelen requerir un control centralizado.
Por si fuera poco, el nuevo robot es además uno de los más simples.
El secreto del éxito de este llamativo robot se basa en la interacción de su cuerpo con su entorno, dictada por las leyes de la física.
Impulsadas únicamente por una corriente continua de aire, cada una de las patas blandas tubulares del robot comienza a oscilar. Por sí sola, cada pata se mueve al azar. Pero cuando se agrupa a varias y se las hace funcionar a todas, ocurre algo inesperado: sus movimientos se sincronizan rápidamente, adoptando un andar rítmico apto para la locomoción; de repente, del caos surge el orden.














