Los materiales termoeléctricos pueden generar electricidad a partir del gradiente térmico mediante el efecto Seebeck. Por ello, resultan de gran interés para recuperar parte del calor que actualmente se pierde en numerosos procesos y dispositivos. Entre sus posibles aplicaciones se encuentran la recuperación de calor residual industrial y doméstico de aparatos, así como el desarrollo de dispositivos autónomos de pequeña escala.
Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha desarrollado un nuevo método, sencillo y capaz de operar a escala industrial, para fabricar películas delgadas de seleniuro de plata y seleniuro de cobre con elevadas prestaciones termoeléctricas a temperatura ambiente.
El equipo ha demostrado que el control preciso de las condiciones de electrodeposición (proceso electroquímico que recubre un objeto conductor con una capa delgada de metal mediante el uso de corriente eléctrica) permite modificar la composición, la estructura cristalina y la microestructura de estos materiales y, con ello, mejorar significativamente su capacidad para transformar una diferencia de temperatura en electricidad.
Un proceso sencillo, barato y a temperatura ambiente
Una de las principales ventajas de la metodología desarrollada radica en el propio proceso de fabricación. Las películas se obtienen a partir de disoluciones acuosas mediante electrodeposición a temperatura ambiente, evitando el uso de cámaras de vacío o tratamientos a alta temperatura, habituales en otras técnicas más complejas y costosas.
“La electrodeposición es una técnica sencilla, que se realiza con equipamiento relativamente simple y pequeñas cantidades de reactivos. Además, podemos controlar la composición, su estructura cristalina y la morfología de los materiales modificando las condiciones del proceso. Estas características hacen que la electrodeposición sea una alternativa con un importante potencial para avanzar hacia una fabricación fácilmente asimilable por la industria” explica Cristina V. Manzano, investigadora del CSIC en el Instituto de Micro y Nanoelectrónica (IMN). Con ella en este estudio han colaborado, entre otros, Elena Pérez-Picazo y Marisol Martín, ambas del IMN.














