Un estudio reciente revela que el ácido desoxirribonucleico (ADN) puede preservar información biológica incluso después de más de 100 millones de años de exposición a la radiación bajo las condiciones extremas de la superficie marciana. En otras palabras, si surgió vida en Marte, fragmentos de su ADN podrían conservarse en sus rocas durante más de 100 millones de años, actuando como biomarcadores de vida pasada. Este hallazgo abre nuevas vías para la búsqueda de vida pasada en Marte y en otros mundos potencialmente habitables.

 

El estudio es obra de un equipo internacional integrado, entre otros, por María-Paz Zorzano, del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), y Daniel Carrizo, del Centro de Astrobiología (CAB, dependiente del INTA y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)), en España todas estas instituciones.

 

La investigación llevada a cabo por Zorzano y sus colegas se inspira en un hallazgo clave hecho por el róver robótico Curiosity, que detectó moléculas orgánicas simples y lo que parecía carbono orgánico en rocas sedimentarias de 3.500 millones de años en el cráter Gale, en Marte. Los análisis indican que dichas rocas han permanecido sepultadas durante la mayor parte de su historia y solo han estado expuestas a la radiación cósmica en los últimos 78 millones de años. A partir de esta observación, el equipo se planteó una pregunta fundamental: ¿podría el ADN (un polímero complejo que contiene la información esencial de la vida y es considerado un biomarcador incuestionable) resistir las duras condiciones marcianas durante un periodo de tiempo como ese?