Un haz de luz está formado por campos eléctricos y magnéticos oscilatorios de muy alta frecuencia que se propagan en una cierta dirección espacial. En espacio libre, dicha oscilación se produce en un plano perpendicular a la dirección de propagación. La polarización de la luz es un parámetro que nos dice cómo el campo eléctrico se mueve en ese plano, y junto a la frecuencia, longitud de onda y amplitud nos sirve para caracterizar completamente un haz de luz. En el estudio de la interacción entre la luz y la materia, la polarización juega un papel esencial. Por ello, la medida de la polarización tiene una importancia capital en numerosas disciplinas científicas, incluyendo la bioquímica, las comunicaciones ópticas o la astronomía.
Sin embargo, la medida de la polarización – o polarimetría – es mucho más complicada que la medida de la frecuencia o la amplitud de la luz puesto que requiere de la medida simultánea de cuatro parámetros llamados parámetros de Stokes.
Durante décadas, científicos e ingenieros han usado polarímetros macroscópicos – usando una combinación de polarizadores y platos de cuarto de onda – que, pese a su buen funcionamiento, son equipos caros y voluminosos. En este sentido, el campo de la polarimetría es una excepción en la fotónica, dado que todavía no disponemos de componentes integrados, al contrario que en muchos otros componentes fotónicos como moduladores electro-ópticos, sensores fotónicos o fotodetectores.
En una perspectiva publicada en Science, Alejandro Martínez, investigador del Centro de Tecnología Nanofotónica (NTC) de la Universitat Politècnica de València (España), hace notar que la situación ha cambiado y que recientes avances en nanotecnología y nanofotónica van a permitir en breve la creación de polarímetros de altas prestaciones en chips fotónicos.














