En la actualidad, la deforestación es un grave problema. Año tras año se talan millones de hectáreas de bosques para desarrollar actividades agrícolas y ganaderas, para instalar plantaciones y, en algunos casos, aunque en menor medida, para edificar ciudades. Entre otras consecuencias, esta práctica genera que el bosque se desconecte, se fragmente en muchos trozos, y de diversos tamaños, y aumente la pérdida de especies, se acentúe la degradación de los ecosistemas y disminuya la cantidad de dióxido de carbono almacenado en el bosque.


“Las regiones boscosas con mayores tasas de deforestación como Sudamérica, África y el sudoeste de Asia se encuentran cercanas al estado fragmentado. Si se mantienen las tasas actuales de pérdida de bosques, grandes regiones pasarán a estar desconectadas y aumentarán los riesgos de extinción de las especies”, afirma el biólogo Leonardo Saravia, investigador docente del Instituto de Ciencias (ICI) de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) en Argentina.