Es casi medianoche. Frente a las puertas de vidrio de una tienda de electrónica, decenas de personas esperan tiritando en la noche. Las pantallas de sus teléfonos iluminan la fila. Del otro lado del cristal, se apilan televisores, tabletas y consolas; afuera crece la tensión y avanza la cuenta regresiva. Cuando las puertas finalmente se abren, estalla un grito. La multitud irrumpe en el local, los carritos chocan entre sí, y en cuestión de segundos reina el caos: pasillos abarrotados, colas interminables en las cajas.

Es el inicio del Black Friday, el día en que los cazadores de ofertas supuestamente pueden conseguirlo todo más barato – incluyendo cosas que no necesitan -. Para asegurarse de que nadie se pierda un descuento, el comercio extendió ya la jornada a toda una Black Week. Pero esta fiesta del consumo arrastra una historia larga y oscura: el término nació en la esfera financiera.