Un hallazgo ha confirmado predicciones hechas hace unos 30 años y está dando una nueva visión de lo que se conoce como “núcleo galáctico activo», una clase de objetos astronómicos que figura entre las de mayor brillo del universo y que encierra bastantes misterios.
Los núcleos galácticos activos (AGNs por sus siglas en inglés) son fuentes extremadamente energéticas alimentadas por agujeros negros supermasivos que se encuentran en el centro de algunas galaxias. Estos agujeros negros se alimentan de grandes cantidades de polvo y gas cósmico. Antes de ser devorado, este material gira en espiral hacia el agujero negro y, durante el proceso, se liberan enormes cantidades de energía, eclipsando a menudo a todas las estrellas de la galaxia.
La comunidad astronómica ha sentido curiosidad por los AGNs desde que vieron por primera vez estos objetos brillantes en la década de 1950. Ahora, el VLTI, el Interferómetro del VLT (Very Large Telescope), perteneciente al Observatorio Europeo Austral (ESO), ha observado una nube de polvo cósmico en el centro de la galaxia Messier 77 que esconde un agujero negro supermasivo.
Mediante estas observaciones del VLTI, un equipo de investigadores e investigadoras, liderado por Violeta Gámez Rosas de la Universidad de Leiden (Países Bajos), ha dado un paso clave para comprender de cerca cómo funcionan y desvelarnos cuál es su aspecto.
Mientras llevaban a cabo observaciones extraordinariamente detalladas del centro de la galaxia Messier 77, también conocida como NGC 1068, Gámez Rosas y su equipo detectaron un grueso anillo de polvo cósmico y gas que ocultaba un agujero negro supermasivo. Este descubrimiento proporciona evidencia vital para apoyar una teoría de hace 30 años conocida como el Modelo Unificado de AGN.
La comunidad astronómica sabe que hay diferentes tipos de AGNs. Por ejemplo, algunos lanzan ráfagas de ondas de radio, mientras que otros no; ciertos AGNs brillan intensamente en luz visible, mientras que otros, como Messier 77, son más tenues. El Modelo Unificado afirma que, a pesar de sus diferencias, todos los AGNs tienen la misma estructura básica: un agujero negro supermasivo rodeado por un grueso anillo de polvo.
Según este modelo, cualquier diferencia en la apariencia entre los AGNs resulta de la orientación en la que vemos el agujero negro y su grueso anillo desde la Tierra. El tipo de AGN que vemos depende de cuánto oscurece el anillo al agujero negro desde nuestro punto de vista, ocultándolo completamente en algunos casos.
La comunidad astronómica ya había hallado antes evidencias para apoyar el Modelo Unificado, incluyendo la detección de polvo caliente en el centro de Messier 77. Sin embargo, persistían dudas sobre si este polvo podría ocultar completamente un agujero negro y, por lo tanto, explicar por qué este AGN brilla con menos intensidad que otros en luz visible.
«La verdadera naturaleza de las nubes de polvo y su papel tanto en la alimentación del agujero negro como en la determinación de cuál es su aspecto cuando se ve desde la Tierra han sido preguntas centrales en los estudios de AGNs de las últimas tres décadas», explica Gámez Rosas.»Aunque ningún resultado único resolverá todas las preguntas que tenemos, hemos dado un paso importante en la comprensión de cómo funcionan los AGNs».














