Los supervolcanes son uno de los fenómenos geológicos más extremos y fascinantes del planeta. A diferencia de los volcanes “clásicos”, capaces de destruir regiones enteras, un supervolcán tiene el potencial de alterar el clima global y afectar a la civilización humana. Pero ¿qué hace que un supervolcán entre en erupción? ¿Es un evento repentino o el resultado de un proceso lento y predecible?

La respuesta, como suele ocurrir en geología, es compleja y se desarrolla a lo largo de miles —incluso cientos de miles— de años bajo nuestros pies.

Un supervolcán no se define por su forma externa, sino por la magnitud de sus erupciones. Se considera supervolcánica una erupción con un Índice de Explosividad Volcánica (VEI) de 8, capaz de expulsar más de 1.000 kilómetros cúbicos de material volcánico.

Ejemplos conocidos incluyen:

-Yellowstone (Estados Unidos)

-Toba (Indonesia)

-Campi Flegrei (Italia)

En lugar de un cono clásico, suelen presentar una caldera gigante, resultado del colapso del terreno tras una erupción masiva previa.