En teoría, los agujeros negros creados por el hundimiento sobre sí mismos de sus respectivos núcleos en el marco de una explosión de tipo supernova pueden tener masas de hasta unas cien veces la del Sol. Sin embargo, a medida que las observaciones astronómicas de las últimas décadas han ido catalogando más y más agujeros negros formados directamente por este proceso, se ha hecho evidente que los que tienen una masa de más de 45 veces la del Sol son anormalmente escasos.

Al final de sus vidas, la mayoría de las estrellas masivas estallan se derrumban sobre sí mismas, sufriendo una compactación colosal de su núcleo y dispersando el resto de su estructura en una explosión  de supernova.

La compresión del núcleo es tan grande que este se convierte en un agujero negro, un objeto con una gravedad tan fuerte que ni siquiera la luz puede escapar de él.

Presumiblemente, las estrellas más masivas del universo deberían producir los agujeros negros de masa estelar (masa similar a la de una estrella) más masivos. Sin embargo, algunas estrellas muy masivas se calientan tanto que explotan en una clase de supernova tan intensa que destruye la estrella por completo, sin dejar ningún núcleo que pueda compactarse para formar un agujero negro.

En un nuevo estudio, se ha llegado a la conclusión de que eso no solo les ocurre a las estrellas más masivas del universo sino también a otras algo menos masivas que, de otro modo, generarían agujeros negros con masas de más de 45 veces la del Sol pero bastante inferiores a 100 veces la masa solar.