El 9 de octubre de 2022, se captó el fogonazo de rayos gamma más brillante de todos los tiempos, hasta donde alcanza el conocimiento humano. Ahora, un estudio revela que en aquel estallido intervino antimateria.
La antimateria es, en cierto modo, un «duplicado invertido» de la materia. Cada partícula subatómica tiene su antipartícula, con carga opuesta. Cada elemento químico, su antielemento. Cada sustancia, su antisustancia. De hecho, en teoría serían posibles construcciones más masivas y complejas, como por ejemplo antiplanetas y antiestrellas.
Cuando materia y antimateria entran en contacto se aniquilan mutuamente. Se cree que en los primeros instantes de existencia del universo, había mucha antimateria, que fue aniquilada junto con una cantidad equivalente de materia. La materia tuvo una ventaja pequeña pero crucial sobre la antimateria y por eso hoy la materia es, de esas dos formas, la única que existe de manera abundante. La antimateria ha quedado relegada a una escasa formación de partículas, mediante fenómenos físicos de alta energía, que son aniquiladas muy poco después.
Los estallidos de rayos gamma (GRBs por sus siglas en inglés) son las explosiones más potentes del cosmos, En ellas, se emiten copiosas cantidades de rayos gamma, la forma de radiación electromagnética o “luz” de mayor energía. El tipo más común de estallido de rayos gamma se produce cuando el núcleo de una estrella masiva agota su combustible nuclear, se derrumba sobre sí mismo y forma un agujero negro que gira rápidamente sobre sí mismo. La materia que cae en el agujero negro hace que desde las inmediaciones del agujero se disparen dos chorros de partículas, en direcciones opuestas, que atraviesan las capas externas de la estrella a casi la velocidad de la luz. Los GRBs se detectan cuando uno de estos chorros apunta directamente o casi hacia la Tierra.














