En un nuevo estudio se ha conseguido identificar la función crucial de un sistema de control de proteínas en la regeneración de tejidos y órganos en un tipo de insecto.

 

El estudio, coliderado por Isabel Almudí, del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona (UB), y Fernando Casares, del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (CABD), centro conjunto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Junta de Andalucía y la Universidad Pablo de Olavide, en España, muestra la implicación de la neddylación, una vía de control de calidad de proteínas, en la regeneración de tejidos en efímeras (Cloeon dipterum), un tipo de insecto capaz de regenerar rápidamente muchos de sus órganos. Los resultados abren la puerta a la investigación de este proceso molecular en la regeneración de órganos en vertebrados y en el desarrollo de futuras terapias.

 

En la naturaleza, no todos los animales tienen la capacidad de regenerar los órganos dañados o perdidos. En particular, los humanos tenemos una capacidad de regeneración muy limitada en comparación con otros animales. Fernando Casares señala que “comprender cómo algunos organismos regeneran sus órganos de manera eficaz nos va a permitir entender este proceso a nivel molecular, celular y de órgano, y nos abre una ventana para comprender no solo por qué algunos organismos regeneran bien, sino por qué nosotros regeneramos mal”.

 

Este trabajo contribuye a llenar este espacio vacío en nuestro conocimiento sobre este proceso mediante el estudio de la regeneración en la efímera Cloeon dipterum, un insecto de agua dulce que solo emerge del agua una vez llega a adulto. Por ello, los juveniles acuáticos, también llamados ninfas, presentan un par de branquias en cada uno de sus primeros siete segmentos abdominales. Se trata de órganos planos, similares a paletas, que son esenciales para la respiración, la osmorregulación (el mantenimiento del equilibro hídrico y salino dentro del cuerpo) y, probablemente, para la detección de sustancias químicas.

 

Sin embargo, a menudo, estas branquias se desprenden del cuerpo para dar lugar a unas nuevas que se generan en un espacio de tiempo de entre cinco y nueve días. “Estas nuevas branquias no solo se regeneran, sino que durante el proceso crecen a un ritmo más acelerado que durante el desarrollo normal”, destaca Casares. Los experimentos llevados a cabo por el equipo investigador muestran que está rápida regeneración no parece deberse al crecimiento de una región especializada (que se forma en muchos procesos de regeneración y se denomina blastema), sino que se produce por un aumento uniforme de la proliferación celular en toda la branquia.