El 24 de abril de 2024, un cohete Electron transportó al espacio dos satélites, liberando a cada uno de ellos en una órbita distinta, con una separación entre ambas de unos 500 kilómetros. El lanzamiento lo llevó a cabo la empresa Rocket Lab, desde el Complejo de Lanzamiento 1, en Mahia, Nueva Zelanda.

 

Uno de los satélites fue el NEONSAT-1, del Instituto de Ciencia y Tecnología Avanzadas de Corea del Sur (KAIST). El satélite fue colocado en una órbita circular a 520 kilómetros de altitud. NEONSAT-1 realizará observaciones de la península coreana para el KAIST, que combinará los datos del satélite con inteligencia artificial para analizar rápidamente desastres naturales en la región. NEONSAT-1 es el primero de los 11 satélites de la constelación prevista por el KAIST para obtener imágenes de la península coreana varias veces al día.

 

El otro satélite, de la NASA, es el de la misión ACS3 (Advanced Composite Solar Sail System) y fue liberado en una órbita circular a unos 1.000 kilómetros de altitud.

 

Esa mayor altitud se debe a que la nave debe estar en una órbita lo suficientemente alta para que la pequeña fuerza de la luz solar sobre la vela (aproximadamente equivalente al peso de un clip apoyado en la palma de la mano) supere la resistencia ejercida por la tenue masa de aire aún presente en las órbitas bajas comúnmente usadas y logre hacer ganar altitud a la nave cuando ello se requiera.

 

Al igual que la presión del viento contra una vela es capaz de impulsar a un velero, las velas solares pueden impulsar a un vehículo situado en el espacio mediante la presión que reciben de la luz solar, eliminándose así la necesidad de cohetes propulsores convencionales durante la travesía por el espacio. Estos solo se necesitarían en maniobras que requieren mucha fuerza impulsora, como por ejemplo para despegar de la Tierra.