Desde el punto de vista geológico, los planetas de tipo rocoso, como la Tierra, son los principales candidatos a albergar la vida tal como la conocemos. Teniendo en cuenta que las estrellas más comunes del universo son las enanas rojas, se puede deducir que bastantes planetas rocosos deben estar en órbita a estrellas de ese tipo.
Las enanas rojas son estrellas más frías que las de los demás tipos. Por ello, para que un planeta rocoso pueda recibir el calor idóneo que le permita poseer agua líquida en su superficie, debe orbitar en torno a la enana roja desde una distancia más pequeña que la que separa a otros planetas rocosos de sus estrellas con mayor temperatura.
Las enanas rojas tienden también a experimentar aumentos bruscos de actividad, sobre todo cuando son jóvenes, liberando ráfagas de radiación ultravioleta y de rayos X que podrían destruir las atmósferas planetarias. Como resultado, una importante pregunta que ha venido aguardando respuesta desde hace tiempo es si un planeta rocoso orbitando a corta distancia de una enana roja podría mantener o restablecer una atmósfera en un entorno espacial tan hostil como ese.
Para ayudar a responder esa pregunta, el equipo de Sarah Moran de la Universidad de Arizona en Tucson, Estados Unidos, utilizó el telescopio espacial James Webb para estudiar un planeta rocoso conocido como GJ 486 b. En este caso, está demasiado cerca de su estrella (una enana roja) para que pueda existir agua líquida en su superficie y otras condiciones necesarias para la vida. La temperatura que reina en su superficie es de unos 430 grados centígrados. Y, sin embargo, las observaciones con el espectrógrafo de infrarrojo cercano del Webb (NIRSpec) muestran indicios de vapor de agua.
Si el vapor de agua está en el planeta, eso indicaría que tiene una atmósfera a pesar de su temperatura abrasadora y de su proximidad a su estrella. Ya se ha observado vapor de agua en exoplanetas (planetas de fuera de nuestro sistema solar) de tipo gaseoso, pero hasta la fecha no se había detectado de manera inequívoca ninguna atmósfera alrededor de un exoplaneta rocoso.














