Hace ocho años, comenzó a circular la hipótesis de que el nitrato, un tipo de compuesto común en fertilizantes y desechos animales, puede ayudar a transportar uranio natural del subsuelo a las aguas subterráneas. Ahora, una nueva investigación ha examinado a fondo la cuestión.
En 2015, el equipo de Karrie Weber, de la Universidad de Nebraska-Lincoln en Estados Unidos, detectó en agua subterránea, incluyendo la de un acuífero de Nebraska, niveles de uranio de hasta 89 veces el máximo permitido por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos para considerar potable al agua.
Se sabe que las concentraciones de uranio superiores a ese umbral de la EPA causan daños renales en los seres humanos, especialmente cuando se consumen de manera habitual a través del agua potable.
«Muchos habitantes de Nebraska dependen del agua subterránea como agua potable», subraya Weber. «En Lincoln, dependemos de ella. Muchas comunidades rurales dependen de las aguas subterráneas. Así que cuando esa agua tiene una alta concentración de uranio, hay un claro problema».
Aquel estudio mostró que esos acuíferos con concentraciones de uranio superiores al citado umbral también estaban contaminados con altos niveles de nitrato. Eso llevó a la sospecha de que el nitrato podía estar promoviendo el transporte de uranio.
En el nuevo estudio, Weber, con la ayuda de 12 colegas, se propuso probar la hipótesis. Para ello, el equipo extrajo muestras de sedimentos del fondo de un acuífero cerca de Alda, Nebraska. Los investigadores sabían que ese lugar no solo contiene trazas naturales de uranio, sino que también permite que las aguas subterráneas fluyan en dirección este, hasta el cercano río Platte.
El objetivo era usar las muestras de sedimento para recrear en ellas ese flujo del uranio, y verificar si la adición de nitrato al agua aumentaba la cantidad de uranio arrastrado.














