¿Alguna vez has estado en un lugar tan imponente y tan increíble que no sabes por dónde comenzar a contar tu experiencia? Este es el caso. Hay tanta belleza en el Salar de Uyuni que, sin lugar a dudas, nadie está exento de que le dé el síndrome de Stendhal (admiración ante lo que te parece maravilloso; puede ocasionar mareos, náuseas…).

Es algo que causa tanta admiración que, cuando quise narrarle mi vivencia en el «dulce Salar de Uyuni» a un grupo de amigos, no supe convertir en palabras lo vivido. Hoy trataré de contarles a ustedes sobre este destino al que llamo dulce porque así lo sentí: cercano, hermoso, mágico y atrayente como la miel.