La asfixia perinatal es la tercera causa de muerte de recién nacidos. En caso de no ser fatal, es una complicación obstétrica grave que sufren algunos bebés al momento del parto, que puede generar nefastas consecuencias a corto y largo plazo, al afectar el desarrollo y maduración del sistema nervioso. Se ha asociado a parálisis cerebral, dificultades de aprendizaje, déficit atencional, motor y a predisponer en la adolescencia a quiebres afectivos y conductuales asociados con psicosis u otras patologías, con impacto psicosocial y económico para sus familias y entorno. Esta interrupción de la respiración autónoma puede estar relacionada al proceso mismo del parto y su atención, como a trastornos no anticipados de la madre, o al equipamiento y condición sanitaria.
La incidencia de asfixia perinatal es semejante en países desarrollados y en vías de desarrollo, aunque se eleva en países en los que la atención primaria e institucional no es óptima; por eso, la protección del cerebro del recién nacido constituye una prioridad de salud nacional y mundial.
“En Chile la incidencia de asfixia perinatal es de 5 a 6 por mil nacidos vivos; pero esta cifra se obtiene de nacimientos en clínicas u hospitales. En sectores rurales o con difícil acceso a la atención profesional del parto, aumenta notablemente su frecuencia”, detalló Paola Morales, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (UCHILE).
En la actualidad, no existe un tratamiento efectivo aparte de maniobras de reanimación. La hipotermia neonatal, aplicada después de la asfixia, ha demostrado atenuar algunas de las secuelas, aunque el tratamiento tiene una ventana temporal muy estrecha.
“La disminución de la saturación de oxígeno produce una crisis energética, interrumpiendo la homeostasis metabólica, incluyendo la del glutamato, neurotransmisor excitatorio en la mayoría de las sinapsis del cerebro, que hace posible la transmisión de claves sensoriales, respuestas motoras, elaboración cognitiva e integración emocional. La acumulación de glutamato en el espacio extracelular cerebral produce excitotoxicidad que conlleva a estrés oxidativo y a activación de cascadas pro-inflamatorias. La reoxigenación es un proceso fundamental en la sobrevida del recién nacido pero produce aún más radicales de especies de oxígeno, incrementando el estrés oxidativo, la neuroinflamación y la muerte celular, interrumpiendo así la consolidación y maduración de neurocircuitos fundamentales para las funciones superiores del sistema nervioso central” dice la doctora Morales.
Existen regiones cerebrales que son más vulnerables y sensibles a “agresiones» metabólicas perinatales, añadió la experta, como los neurocircuitos de los ganglios basales, involucrados en la generación y coordinación del movimiento. “También se dañan neurocircuitos del hipocampo, relevantes en la adquisición de nuevos aprendizajes y memoria”. Además, la asfixia perinatal puede dañar la sustancia blanca, que representa paquetes de axones que conectan las distintas regiones cerebrales o sus efectores, afectando la producción y maduración de las oligodendrocitos encargados de la mielinización de los axones y nervios, alteración característica de la parálisis cerebral, que implica alteraciones del movimiento y/o déficits cognitivos.














