La creación de un nuevo premio literario con una dotación de un millón de euros ha abierto un intenso debate en España. No por la calidad de la obra ganadora —de la escritora argentina Samanta Schweblin—, ampliamente reconocida en el mundo literario, sino por el origen de los fondos y el modelo que representa el galardón. La polémica surgió incluso antes de que se conociera el nombre de la vencedora, cuando se anunció la cuantía del premio, y el debate continúa aún hoy, incluso más allá del sector cultural.

El Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, entregado el 8 de abril, está impulsado por Aena —la empresa que gestiona la red de aeropuertos en España y que cuenta con participación mayoritaria del Estado— y se sitúa entre los galardones mejor dotados del ámbito hispano. Iguala en cuantía al Premio Planeta y tiene un nivel similar al Premio Nobel de Literatura, que otorga 11 millones de coronas suecas (unos 934.000 euros, según la cotización al momento de la última entrega). La cifra, sin embargo, representa en torno al 0,05 por ciento del beneficio neto de la empresa en 2025.