En teoría, las baterías de litio-azufre, que durante mucho tiempo se anunciaron como la base de la próxima generación de baterías, podrían almacenar de dos a cinco veces más energía que las baterías de iones de litio, a igual peso. El problema ha sido que, con el uso, los electrodos se deterioraban rápidamente y las baterías se rompían. Esto se debía a dos razones: el electrodo positivo de azufre sufría una importante expansión y contracción que lo debilitaba y lo hacía inaccesible al litio, y el electrodo negativo de litio se contaminaba con compuestos de azufre.

 

Unos investigadores hallaron el año pasado un modo de abrir la estructura del electrodo de azufre para acomodar la expansión y hacerlo más accesible al litio. Y ahora, al incorporar un aditivo a base de glucosa (o sea, mayormente azúcar) en la arquitectura en forma de red del electrodo, han estabilizado el azufre, impidiendo que se desplace indebidamente al electrodo de litio y lo contamine.

 

El logro es obra de un equipo que incluye, entre otros, a Yingyi Huang y Mainak Majumder, de la Universidad Monash en Australia tanto la primera como el segundo.

 

Los prototipos fabricados por el equipo para probar la nueva tecnología han demostrado ser capaces de soportar al menos mil ciclos de carga-descarga, albergando mucha más energía que las baterías de iones de litio equivalentes.

 

La fabricación de las baterías de este tipo perfeccionado no requiere materiales exóticos, ni tóxicos ni caros.