Es curioso  que uno de los más grandes tribunos dominicanos sea un
desconocido, a pesar de que su nombre se ha manoseado tanto. El
vicepresidente de la Junta Directiva de la Academia de la Historia, Adriano
Miguel Tejada, inició la sesión explicando que a pesar de su protagonismo
para la llegada al poder del dictador  Rafael Leónidas Trujillo Molina,
Rafael  Estrella Ureña es una figura desconocida.  Esa es la importancia de
la biografía titulada  “La Agitada vida de Rafael Estrella Ureña”, autoría del
destacado profesor universitario Rafael Darío Herrera.


A las nueve de la noche, al final de la sesión de puesta en circulación del
libro,  varios historiadores hablaban con don Adriano sobre que los
políticos e intelectuales subestimaron a Trujillo. “Pensaban que iban a
engañar a ese guardia bruto, pero (les salió el tiro por la culata) fue Trujillo
el que los manipuló a todos, fue más inteligente que los intelectuales”,
señalaba uno de los historiadores.

Se tocaba el tema porque el gran caudillo, el líder de la Alianza Nacional
Progresista (lideró el Partido Horacista y Los Coludos),  el presidente
Horacio Vásquez, aupó a Trujillo, lo consideraba como un hijo, hasta
llevarlo a jefe del Ejército. Pero Trujillo le dio un golpe de Estado: lo
destruyó políticamente y lo envenenó con arsénico.

Para el golpe de Estado, del 23 de febrero de 1930, Trujillo se alió a las dos
principales figuras políticas de ese momento. Uno era una leyenda de la
montonera: el principal caudillo militar dominicano, el senador de
Montecristi, Desiderio Arias, líder del Partido Liberal. El otro fue uno de los
más grandes intelectuales, un fenómeno de popularidad,
fundamentalmente en Santiago de los Caballeros,  Rafael Estrella Ureña,
líder del Partido Republicano.

Los amarraron en palos

Después que los tres (Trujillo, Arias, Ureña), con los métodos más
espurios,  desalojaron del poder a Vásquez, Estrella Ureña asume la
Presidencia de la República de forma interina.  “Organizaron” las
elecciones más sangrientas de la historia, según el historiador Darío
Herrera, oriundo de Mao y autor de la obra puesta en circulación.  “Fue
funesto, fue algo sangriento, mucha sangre: nunca se había visto una

campaña electoral realizada por el Ejército.  Mataron mucha gente en
todos los pueblos. En mi pueblo, Mao, amarraron en palos a los
seguidores de Federico Velásquez” (y les daban pelas), explica
Herrera.  Velásquez era el líder del Partido Progresista.
Trujillo fue “electo” Presidente, Rafael Estrella vicepresidente y Arias
senador.

Entonces, Trujillo ordenó que Arias fuera decapitado: después de un
desigual enfrentamiento con la guardia trujillista en una loma de Gurabo,
en Mao, el 21 de junio de 1931, cayó  herido, una bala le atravesó la
espina dorsal. Mientras yacía caído, el teniente Ludovino Fernández,
famoso por su salvajismo, le cercenó la cabeza de un machetazo. En la
noche le llevaron a Trujillo la cabeza del legendario guerrillero en un
macuto a un baile en Mao. Le fue entregada como un trofeo. Él se mostró
disgustado y ordenó que la juntaran a su cuerpo, según un relato del
Diario Libre.
Se metió en miedo
Darío Herrera explica que al ver Ureña el poder, la perversidad de que era
capaz Trujillo, se metió en miedo y se exilió. Pero negoció su regreso al
país. Entonces,  dice Herrera que Trujillo lo sometió a las más grandes
humillaciones a que se pueda someter una persona. Lo acusó de matar un
dirigente político en Santiago, lo pasearon esposado por las calles de la
ciudad. Después lo obligó a que se juramente en el trujillista Partido
Dominicano.

Por el hostigamiento y las torturas, Estrella se enfermó: tenía apendicitis.
“Hay  evidencias que Trujillo lo mató con arsénico: el historiador Emilio
Cordero Michel afirma que tiene informaciones fehacientes sobre ese
hecho. En su lecho de muerte gritaba que le estaban inyectando veneno
por la sangre. Es casi seguro que Trujillo lo haya envenenado con arsénico,
como lo hizo con Horacio Vásquez”, indica Herrera.

La presentación y los comentarios sobre el libro “La Agitada vida de
Estrella Ureña” estuvieron a cargo de la joven historiadora Quisqueya
Lora. Este conspicuo orador tuvo una vida de triunfos y fracasos, pero para
saber más de él es importante que lean el libro.