La puesta en escena de “Esperando a Odiseo” debió haber sido un proceso de catarsis para Orestes Amador. Reencontrarse, a través de un texto, con una realidad que le toca desde las vísceras, hasta el corazón, hasta la memoria, no debió ser cosa fácil. Sus lágrimas al final de la función pueden dar fe de ese mar de emociones que le invadió.
“Esperando a Odiseo” está llena de simbolismos, de meta mensajes. Llena de alegorías que invita, no sólo a conocer al autor del texto, o al actor que interprete a Kiko Paloma, sino también a vivir ese mundo tan particular en el que se ha convertido Cuba, desde que la Revolución impulsada por Fidel Castro en el año 1959 y ha convertido a ese país.
“Esperando a Odiseo” habla del valor de la fe, de cuán fuertes hace la esperanza a los seres humanos, quienes, a pesar de las ausencias, se empecinan en ver la vida de colores vivos, de mañanas y atardeceres bullosos y no de esos grises que traen consigo la nostalgia y la soledad y esa “Penélope” que se interpreta a capella.














