El circo Roncalli es un imperdible en Alemania. Sus giras por diferentes ciudades de este país europeo se convierten en uno de los shows más esperados por niños y adultos. Con el paso del tiempo, su dueño, el austriaco Bernhard Paul, ha logrado crear y mantener un espectáculo de gran nivel, sin usar animales y con artistas de todo el mundo.
La presencia de europeos y rusos en este circo es la regla. Pero, desde hace algunos años, han comenzado a figurar artistas latinos en la carpa del Roncalli. Este año, son tres los representantes de ese lado del mundo que han conseguido cautivar al público alemán, sacando risas, gritos y muchos aplausos. Se trata del payaso chileno Agustín Maluenda Jr., más conocido como «Pastelito Junior» y de los pulsadores colombianos Wuilder y Charly Acero, los «Hermanos Acero».
Payaso chileno en el circo Roncalli.
Agustín Maluenda Jr. interpreta al payaso chileno «Pastelito Junior».
Un payaso inquieto
Artista circense de séptima generación, «Pastelito Junior» viene de familia de circo y, en particular, de payasos. Su abuelo es un payaso muy famoso en Chile y su padre, «Pastelito de Chile», fue reconocido hace años como el mejor payaso del mundo. Justamente fue en un viaje de trabajo junto a su progenitor que Agustín fue fichado por Bernhard Paul, que se dio a la tarea de convencer al clan familiar para que el joven de 23 años formara parte de la actual gira.
En el Roncalli, «Pastelito Junior» hace acrobacias e involucra al público. «Este payaso es diferente, es más rápido, loco, latino, disperso. También es acróbata, malabarista, canta, baila, y hace que la gente compita en gritos, es diferente a lo que pueden estar acostumbrados a ver acá en un espectáculo de circo», dice a DW.
«La rutina del payaso se estructura con años de circo, pero se puede adaptar usando diferentes elementos y haciendo elecciones adecuadas según la audiencia. En este caso, tuve que modificar muchas cosas pensando en el público alemán. Por eso, mi payaso es prácticamente mudo, mi vínculo con los alemanes es a través de elementos visuales. Por suerte, la recepción de la gente ha sido muy buena. En Sudamérica, siempre se dice que el público europeo parece más frío, que solo aplauden al final, pero mi rutina apela a lo contrario. Y, hasta ahora, he logrado que, además de reírse, la gente participe de buena gana y se sorprenda con las otras habilidades que tiene este payaso», cuenta














