Desde 2015, están registrándose en algunas zonas de Europa sequías veraniegas extremas, hasta el punto de que algunos de los habitantes de mayor edad en los lugares más afectados aseguran no haber conocido sequías locales tan intensas en toda su vida. ¿Hay algo de cierto en estas afirmaciones? ¿O se trata solo de impresiones subjetivas? Una investigación ha analizado la cuestión.

El equipo internacional de Ulf Büntgen, de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, estudió las huellas químicas dejadas por el clima en robles de algunas zonas de Europa. Con toda esa información, reconstruyó la historia del clima veraniego en esas zonas durante los últimos 2.110 años.

La mayoría de las investigaciones en las que se intenta reconstruir climas del pasado se limitan a la temperatura, pero los isótopos estables en los anillos de crecimiento anual de los árboles pueden proporcionar información de cada año sobre los cambios hidroclimáticos y estas series de datos pueden abarcar muchos años.

Durante el periodo de 2.110 años, los datos isotópicos de los anillos de crecimiento anual de los árboles mostraron que hubo veranos muy húmedos, como los de los años 200, 720 y 1100 de nuestra era, y veranos muy secos, como los de los años 40, 590, 950 y 1510 de nuestra era. Aunque esos años se salieron de lo normal, no son representativos de ese período de más de dos mil años. La tendencia que se aprecia claramente es que durante los dos últimos milenios, Europa se ha ido secando poco a poco. Sin embargo, los investigadores descubrieron que, tras esa larga tendencia a un aumento lento de la sequía, esta se ha intensificado repentinamente desde 2015, yendo mucho más allá de todo lo ocurrido en los últimos dos milenios.