A medida que las bacterias se vuelven cada vez más resistentes a los tratamientos farmacológicos existentes, crece la necesidad de encontrar nuevas sustancias utilizables contra ellas y que no causen demasiados efectos secundarios en los humanos.

 

Un equipo integrado, entre otros, por David Husbands y Angelo Frei, de la Universidad de York en el Reino Unido, ha puesto su atención en una clase de compuestos químicos que ha recibido poca atención de la industria farmacéutica pero que potencialmente puede ser de gran utilidad contra la resistencia microbiana a fármacos. Se trata de los compuestos basados en metales.

 

Si bien la mayoría de los antibióticos modernos son moléculas «planas» basadas en el carbono, los complejos metálicos son tridimensionales. Esta geometría única les permite interactuar con las bacterias de formas completamente diferentes, capaces en teoría de superar los mecanismos bacterianos de resistencia que derrotan a bastantes antibióticos actuales.

 

Tradicionalmente, descubrir un nuevo fármaco es un proceso lento. Cada síntesis requiere la labor manual de químicos humanos. Sin embargo, gracias al uso de un revolucionario laboratorio robotizado, el equipo pudo delegar en la robótica el ingente trabajo de sintetizar más de 700 compuestos químicos. Y, en vez de los meses que se habría tardado en hacerlo mediante mano de obra humana, esos más de 700 compuestos fueron sintetizados en algo menos de una semana.