Los microplásticos, diminutas partículas de plástico que se encuentran actualmente por todas partes del mundo en el medio aéreo, el acuático y el terrestre, se reconocen cada vez más como una grave amenaza de contaminación, y se han encontrado en el torrente sanguíneo de animales e incluso de seres humanos.

 

Algunos de estos microplásticos se añaden intencionadamente a diversos productos, como productos químicos agrícolas, pinturas, cosméticos y detergentes, lo que supone unas 50.000 toneladas al año solo en la Unión Europea, según la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas. La Unión Europea ya ha establecido el cese en el uso de estos microplásticos añadidos y no biodegradables para dentro de varios años, por lo que se buscan sustitutos adecuados.

 

Ahora, un equipo internacional que incluye a Muchun Liu y Benedetto Marelli del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos, ha desarrollado un sistema basado en la seda que podría proporcionar un sustituto barato y de fácil fabricación.

 

Los microplásticos ampliamente utilizados en productos industriales suelen proteger algún ingrediente activo específico (o ingredientes) de su degradación por exposición al aire o a la humedad, hasta el momento en que se necesitan. Proporcionan una liberación lenta del ingrediente activo durante un periodo de tiempo determinado y minimizan los efectos adversos en su entorno. Por ejemplo, las vitaminas suelen suministrarse en forma de microcápsulas empaquetadas en una píldora o cápsula, y los pesticidas y herbicidas se envuelven de forma similar. Pero los materiales utilizados hoy en día para este tipo de microencapsulación son plásticos que persisten en el medio ambiente durante mucho tiempo. Antes del avance logrado por el equipo de Liu y Marelli, no existía ningún sustituto práctico y económico que se biodegradase de forma natural.