Lo reconozco: estoy obsesionado. Ese es el efecto de ‘Saltburn’, el nuevo largometraje como directora de Emerald Fennell, quien ganara el Oscar a Mejor Guion Original por su potente ópera prima, ‘Una joven prometedora’. La cineasta y actriz británica cumple a rajatabla una de las reglas no escritas de las segundas películas, construyendo algo más grande, más ambicioso y más provocador; un trabajo con el que se reafirma en su sofisticación punk y sus ganas de fiesta.
Con ‘Saltburn’, Fennell construye un universo propio a partir de clarísimos referentes como ‘Retorno a Brideshead’ y ‘El talento de Mr. Ripley’, para levantar un relato de deseo enfermizo y fijación en clave de thriller psicológico, que tiene el poder (aunque suene a topicazo) de no dejar indiferente a quien se anime a zambullirse en sus viscosas aguas. Utilizando la sátira del privilegio y el sistema de clases como marco para la historia, Fennell nos invita a perdernos en un laberinto de escándalo, opulencia y depravación en el que hay en entrar con muchas ganas de jugar al juego.














