La incorporación de los robots en los hogares para realizar tareas domésticas está siendo mucho más lenta de lo que se preveía. Aparte de barrer, aspirar y fregar, es muy poco el trabajo doméstico que los robots domésticos actuales pueden hacer. Tareas que a los humanos nos resultan fáciles de entender, para los robots constituyen desafíos titánicos.

 

Una de estas tareas es limpiar lavabos o fregaderos. ¿Cómo es posible calcular el movimiento de un brazo robótico para que pueda llegar a todas las partes de un lavabo? ¿Y si el lavabo tiene bordes inusualmente curvados? ¿Cuánta fuerza debe aplicarse en cada punto? ¿Qué tipo de movimiento es necesario para cada parte de la superficie? ¿A qué velocidad debe realizarse el movimiento? ¿Cuál es el ángulo apropiado?

 

Llevaría mucho tiempo codificar con precisión todas estas cosas en reglas fijas y fórmulas matemáticas predefinidas para un diseño específico de lavabo o fregadero. Y dada la amplia gama de diseños que pueden tener estos, el trabajo se vislumbra como un reto imposible de superar.

 

Un equipo integrado, entre otros, por Christoph Unger, Christian Hartl-Nesic y Andreas Kugi, de la Universidad Tecnológica de Viena en Austria, ha adoptado un enfoque estratégico totalmente distinto: un humano ejecuta varias veces la tarea para enseñarle al robot lo que debe hacer. La persona utiliza una esponja especialmente preparada (equipada con sensores de fuerza y marcadores de seguimiento) para limpiar el borde de un lavabo o fregadero. Observando al humano y examinando los demás datos recogidos durante la operación, el robot aprende con bastante rapidez a realizar la limpieza de ese lavabo o fregadero y además luego puede aplicar con flexibilidad este conocimiento a otros con formas diferentes.