Donald Trump y Ron DeSantis se han enfilado hacia una colisión desde el principio.

Al considerar al gobernador de Florida como su principal rival dentro del Partido Republicano, el expresidente ha intentado mantener a DeSantis en su lugar, con frecuencia señalando el rol que tuvo su apoyo para levantar al relativamente desconocido congresista al liderazgo de uno de los estados más grandes de Estados Unidos.

Por su lado, DeSantis ha elogiado desde hace mucho a Trump y ha imitado su estilo, pero notablemente se ha negado a dejar a un lado sus propias ambiciones para llegar a la Casa Blanca en un momento en que el expresidente se prepara para recuperar su antiguo trabajo. En la señal más clara de tensión, los dos organizaron mítines en Florida en los últimos días de las elecciones intermedias de este año. En su evento, Trump dio a conocer su nuevo apodo para DeSantis, cuando lo llamó Ron DeSanctimonious (DeSanturrón).

La intensa rivalidad entre las dos estrellas más grandes del Partido Republicano entra a una nueva y más volátil fase después del decepcionante desempeño del partido en lo que se suponía que iba a ser un año electoral exitoso. DeSantis, quien ganó su reelección con facilidad, es considerado cada vez más el futuro del partido, mientras que Trump, cuyos candidatos preferidos perdieron contiendas desde Pensilvania hasta Arizona, es considerado por muchos un lastre para el partido.

Eso ubica a Trump en quizá su situación más vulnerable desde que provocó la violenta insurrección en el Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero de 2021. Conforme avanzan sus planes de anunciar el martes su tercera contienda presidencial, Trump utiliza una estrategia que le ha funcionado durante décadas de líos personales, financieros y políticos: Enfocarse en las debilidades percibidas de sus enemigos y atacarlos reiteradamente.