En tiempos de la Unión Soviética, y sobre todo durante la carrera espacial entre esta superpotencia y la otra, Estados Unidos, el secretismo en torno a los lanzamientos espaciales era muy grande, especialmente por parte soviética.
No solo se trataba de mantener lo más ocultas posible las misiones espaciales dedicadas al espionaje o a otras operaciones militares. Por parte soviética, también había que encubrir los fracasos de misiones científicas y divulgar solo las de esta clase que tuvieran éxito.
Una estrategia muy empleada en la URSS para ayudar a este secretismo era otorgar a las naves nombres muy genéricos que dificultasen deducir su verdadera naturaleza.














