El domingo fue uno de esos días en los que el corazón dominicano estuvo dividido entre dos escenarios distintos, pero igual de intensos. Primero, el país entero se reunió frente al televisor para ver la semifinal del Clásico Mundial de Béisbol contra Estados Unidos. El resultado final fue 2 a 1 a favor del equipo norteamericano.

Simultáneamente, la atención estaba a la par con Hollywood, donde la industria del cine celebró la edición número 98 de los Premios Oscar. 

Si el Clásico Mundial tiene su épica deportiva, los Oscar tienen su propio tipo de drama. Campañas largas. Expectativas infladas. Sorpresas. Y cada vez más, batallas silenciosas de reputación.