Recientemente, hablábamos en NCYT de Amazings de un estudio que planteaba la posibilidad de detectar en un futuro cercano la existencia de algún agujero negro primigenio, una clase hipotética de agujeros negros con un tamaño tan pequeño como del orden de centímetros y una masa modesta (como la de la Tierra, por ejemplo), que habrían sido creados mediante un proceso exótico fracciones de segundo después de nacer el universo, y que podrían perder masa por un proceso también exótico hasta desaparecer en una explosión. Ahora, unos científicos creen haber detectado una huella de una explosión de esa clase.

 

La huella en cuestión es el paso por la Tierra de un neutrino cuyo nivel de energía fue altísimo, batiendo un récord.

 

Esta nueva investigación la han realizado Alexandra Klipfel y David Kaiser, ambos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos.

 

Los agujeros negros primigenios, al igual que los agujeros negros estándar, son tan enormemente densos que nada puede escapar del interior de ellos, ni siquiera la luz. Sin embargo, su masa mucho menor que la de los agujeros negros que hemos observado hasta ahora podría marcar una diferencia fundamental con respecto a estos últimos en lo que se refiere a su estabilidad a largo y medio plazo. Una teoría, propuesta en su día por el físico Stephen Hawking, establece que los agujeros negros tienen una temperatura y podrían, en teoría, emitir partículas lentamente a través de lo que ahora se conoce como “radiación de Hawking” si se calentaran lo suficiente. Eso haría que, poco a poco, los agujeros negros se “evaporasen” perdiendo masa, aunque el tiempo necesario para que un agujero convencional se quede sin masa por este proceso y por no poder reponerla tragando materia de su entorno, es descomunal.

 

Sin embargo, la estabilidad de los agujeros primigenios sería muy inferior a la de los normales. En teoría, cuanto más ligero sea un agujero negro, más caliente está y más partículas emite. A medida que los agujeros negros primigenios se van evaporando, se vuelven cada vez más ligeros y, por lo tanto, se ponen más calientes, emitiendo aún más radiación, en un proceso descontrolado de realimentación que culmina con una explosión en la cual el agujero negro desaparece.

 

Esta parte final del proceso podría ser detectada y su naturaleza identificada. Hay varias maneras en que esto podría hacerse. Una de ellas es la detección de neutrinos con una energía anormalmente alta, y ciertas características asociadas, que es el modo en que Klipfel y Kaiser lo han hecho.