En los días calurosos del verano, alrededor del mediodía, cuando la temperatura es la más elevada del día, a menudo nos entra pereza y esta acaba desembocando en somnolencia. En algunas partes del mundo, tomar una siesta en la franja horaria del mediodía es una costumbre social ampliamente seguida y forma parte de la cultura local. Allí, durante las horas más calurosas del día, muchos establecimientos comerciales están cerrados y bastante gente duerme o por lo menos se relaja. Resulta que la biología, y no solo la cultura, puede estar detrás de esto.

 

La temperatura afecta de un modo u otro a toda la gama de comportamientos humanos típicos, desde cuánto comemos, hasta el ciclo de sueño y vigilia. No es raro que nos cueste más dormir en una noche calurosa de verano y que nos cueste más levantarnos de la cama en las mañanas más frías. Pero sobre el vínculo entre las neuronas sensoriales y las que controlan este ciclo hay todavía muchas cosas que no se comprenden.

 

Unos neurobiólogos de la Universidad del Noroeste en Estados Unidos han encontrado algunas pistas sobre lo que ocurre cuando la temperatura del ambiente. influye en nuestro nivel de somnolencia.

 

En el estudio llevado a cabo por el equipo de Marco Gallio se ha comprobado que las moscas de la fruta están preprogramadas para echarse una siesta a mitad del día.

 

Este estudio es el primero en identificar receptores de «calor absoluto» en la cabeza de las moscas. Esos receptores responden a temperaturas superiores a los 25 grados centígrados, la temperatura favorita de las moscas, que también lo es la de muchos humanos. No es de extrañar que la temperatura favorita de las moscas coincida también con la de muchos humanos; la mosca de la fruta común (Drosophila) ha colonizado casi todo el planeta formando una estrecha asociación con los humanos.