He visto, de forma recurrente, cómo algunas personas buscan relaciones que las mantienen en alerta permanente: repiten patrones con parejas que descalifican, controlan o hieren.
Aun con estudios, trabajo, recursos y una vida aparentemente “resuelta”, permiten atropellos y falta de respeto. Desde la psicología, una de las preguntas más dolorosas es esta: ¿por qué alguien puede defender, justificar o incluso amar a quien le hace daño?
Durante años, el llamado “síndrome de Estocolmo” se usó para explicar este aparente sinsentido. El término surgió a raíz del asalto al banco de Norrmalmstorg, en Estocolmo (1973), cuando algunas personas retenidas reportaron empatía hacia sus captores.














