La naturaleza lleva casi 4.000 millones de años jugando al mismo juego y con las mismas cartas. Desde la bacteria más diminuta en el fondo del océano hasta el ser humano, toda la biodiversidad de la Tierra se escribe con un alfabeto genético de solo cuatro letras: A, T, C y G. Estas bases nitrogenadas combinadas forman las instrucciones de la vida tal como la conocemos.

Sin embargo, en los laboratorios de biología sintética, los científicos han empezado a reescribir las reglas del juego. La pregunta ya no es si podemos modificar la vida existente, sino si somos capaces de diseñar un organismo completamente sintético, desde cero, utilizando un código genético artificial de ocho letras.

La respuesta corta es que estamos increíblemente cerca, pero el desafío va mucho más allá de simplemente añadir letras a un papel.

El nacimiento del ADN «Hachimoji»

Para entender si es posible crear un organismo así, primero debemos mirar el plano molecular. En 2019, un equipo de investigadores liderado por el químico Steven Benner logró un hito histórico: crearon el ADN Hachimoji (palabra que combina los términos japoneses para «ocho» y «letra»).

A las tradicionales Adenina (A), Timina (T), Citosina (C) y Guanina (G), los científicos sumaron cuatro nuevas bases sintéticas: Z, P, S y B.

Lo fascinante del ADN Hachimoji es que no es un simple capricho de laboratorio. Se comporta exactamente igual que el ADN natural: se empareja de forma predecible (Z con P, S con B), mantiene la estructura de doble hélice y, lo más importante, puede transcribirse a ARN. Esto demostró que el soporte físico de la vida no es exclusivo de la química terrestre tradicional.