La actividad industrial y el crecimiento urbano han puesto en jaque nuestras reservas de agua dulce. Afortunadamente, la tecnología más avanzada para limpiar el planeta no se encuentra en un laboratorio de nanobots, sino en las raíces de un humilde jacinto de agua o en la resistencia de un álamo.

Hablamos de la fitorremediación, una rama de la biotecnología que utiliza plantas, algas y hongos para depurar aguas residuales y suelos contaminados. Es, en esencia, la naturaleza haciendo lo que mejor sabe hacer: reciclar la vida.

¿Cómo funciona el «hígado» vegetal?

A diferencia de las plantas convencionales, las especies empleadas en fitorremediación actúan como auténticas esponjas químicas. El proceso no es un simple filtrado físico; es una coreografía bioquímica compleja que se divide en varias estrategias:

-Fitoextracción: La planta absorbe metales pesados (como plomo, cadmio o zinc) a través de sus raíces y los acumula en sus tallos y hojas.