No es un acontecimiento frecuente ver en el cielo un cometa que tarda mucho más tiempo en dar una vuelta al Sol que el que ha transcurrido desde la extinción de los neandertales. Por eso, el cometa C/2023 A3 (Tsuchinshan-ATLAS) está despertando tanto interés en las últimas semanas.

 

Dado que la Tierra está casi al lado del Sol en comparación con la distancia que les separa a muchos cometas de este, cuando un cometa pasa muy cerca del Sol también se aproxima lo suficiente a la Tierra como para poder ser observado.

 

Muchos de los cometas más conocidos deben su popularidad a que no se alejan mucho del Sol y a que el tiempo que tardan durante su recorrido orbital en acercarse a la Tierra es lo bastante corto como para que haya sido posible realizar observaciones astronómicas en más de una ocasión y determinar con seguridad su órbita alrededor del Sol.

 

Sin embargo, otros cometas llegan a alejarse tanto del Sol que la mayor parte del tiempo están fuera del alcance de los telescopios. En los casos en los que alguno de estos cometas se acerca lo suficiente al Sol, es avistado como un cometa nuevo, ya que no existe ninguna observación previa documentada de su paso por el vecindario terrestre. En estos casos, hay que deducir su periodo orbital a partir de cálculos basados en su trayectoria y en otros parámetros.