El sistema olfativo humano distingue entre miles de sustancias odorantes gracias a la interacción específica con los receptores olfativos de las neuronas sensoriales. Cada receptor puede detectar varios odorantes con intensidades variables, y un mismo odorante puede activar más de un receptor. Esta combinación compleja de señales genera nuestra percepción de los olores.

 

La relevancia biológica del olfato, que nos ayuda a buscar alimentos, detectar peligros y hasta interactuar socialmente, ha impulsado el desarrollo de sensores con diversas aplicaciones industriales. Aunque los sensores basados en receptores olfativos tienen una sensibilidad muy elevada, llegando a detectar concentraciones tan bajas como el nivel femtomolar (una parte entre mil billones), todavía presentan una limitación: no pueden distinguir con precisión entre los diferentes odorantes que los activan.

 

En este contexto, un estudio reciente liderado por el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBERBBN) en España, en colaboración con el CSDG (Centre des Sciences Du Goût et de l’Alimentation) y el Instituto de Química de Niza, en Francia, ha desarrollado un método innovador para distinguir entre odorantes que activan un mismo receptor. Este método se basa en la detección de pequeños cambios eléctricos en el receptor, conocidos como respuesta capacitiva. Estos cambios son proporcionales a la potencia con que el odorante se une al receptor, emulando así la respuesta fisiológica a un olor.