En vez de fabricar robots del tamaño de insectos para que puedan colarse por espacios estrechos e inspeccionar lugares afectados por catástrofes a fin de hallar víctimas a rescatar entre los escombros, un equipo de robotistas y biotecnólogos apuesta por cíborgs de insectos. Un cíborg es un ente en parte vivo y en parte inanimado. Dependiendo del grado de presencia de una y otra naturaleza, podemos considerar a un cíborg como un robot con algunas partes biológicas, o como un ser vivo con algunas partes robóticas (mecánicas, eléctricas o electrónicas). En otros casos, la ambigüedad puede ser mucho mayor.

 

Un equipo internacional encabezado por Mochammad Ariyanto, de la Universidad de Osaka en Japón, ha creado y está perfeccionando un nuevo modelo de cíborg, en este caso de cucaracha.

 

Los cíborgs de insectos tienen muchas ventajas sobre los robots insectoides. El consumo de energía es menos problemático, por lo que es más fácil miniaturizarlos, e incluso ya “vienen de fábrica” con numerosas funciones innatas aprovechables.

 

Sin embargo, la investigación sobre los cíborgs de insecto se ha limitado a su conducta en entornos sencillos, como superficies planas complementadas con dispositivos externos de ayuda a la navegación. El equipo de investigación quería comprobar si un cíborg de insecto podía circular por un entorno más complejo, propio del mundo real.

 

Se instalaron en cucarachas sensores que detectan movimiento y obstáculos y se programaron para que funcionaran junto con las habilidades innatas de las cucarachas, como trepar o seguir el perímetro de las paredes. Los pequeños circuitos electrónicos daban órdenes de navegación a las cucarachas cuando era necesario, pero por lo demás se mantenían al margen, permitiendo a los insectos cíborg evitar obstáculos o recuperarse de caídas empleando para ello su parte biológica.